El
viejo sorbe un trago mas de su aguardiente de tejocote, hace una
larga pausa y dice:
-Si
mijo si quieres ser rico, el día de San Juan, ningún otro día.
Ese
día tienes que estar allá en la madrugada. En medio de los Teteles,
esas ruinas que están rodeadas por los cerros. Y si tienes suerte se
te va a aparecer un tianguis bien grande. Se vende de todo, hay gente
cambiando su mercancía comprando y vendiendo.
Pero
tu no hables con nadie; si hablas con alguien allá te quedas atrapado
para siempre.
Solo
miras el mercado, caminas entre los puestos y los marchantes que
ofrecen sus animales, su comida. Y solo si tienes mas suerte, vendrá
a ti un caballero con una gran capa, plumas en la cabeza una lanza y
escudo, dicen que es un guerrero de la antigüedad; te hará una señal
para
que lo sigas. Entonces tu lo sigues, te llevará a un lugar de
inmensa riqueza. Dicen que hay oro, mucho oro y todo tipo de joyas.
Entonces tomas lo que quieras y regresas sin decir palabra.
A
partir de entonces tendrás dinero y suerte en la vida. Y podrás
regresar todos los años
que quieras mientra vivas. Pero cuando mueras tu alma les pertenece,
no descansaras en paz; tu alma sera de ellos, serás uno mas del
mundo de los fantasmas que vagan por la eternidad.
El
tesoro de los teteles 2
El
tiempo se detiene
El
joven estudiante se estremeció al escuchar la última sentencia del
viejo. Miró al anciano a los ojos que brillaban intensamente con el
reflejo de la luz de la tarde y preguntó: ?Por que no hay que
hablar con nadie allá en los Teteles?
El
viejo agacho la cabeza pesadamente, era como si le pesara cargar
recuerdos de tantos años.
Contestó casi como en un susurro:
-Porque
si hablas con alguien te quedas atrapado en sus mundo.
Cuentan
que hubo una vez en el pueblo un hombre muy rico. Pero nunca nadie lo
miro trabajar, tenía una gran casa con sirvientes , alguien de los
que lo habían conocido antes le pregunto que había hecho para tener
tanto dinero. Entonces el rico contestó que podía llevarlo a las
ruinas de las pirámides por oro-. El hombre sin creer la leyenda que
había escuchado acepto la invitación.
Una
tarde noche el rico llegó por él, caminaron por las veredas de los
cerros, y sí; ahí estaba el tianguis, llegó el guerrero y el rico
lo siguió, díjo
al curioso que esperara, tal vez y al regreso el guerrero lo invitaba
a seguirlo a él.
Cuando
el curioso estuvo solo, miró
a todos lados, vío unos hombres bebiendo y pensó: -también aquí tienen fuerte -. Pidió una copa de aguardiente y se dispuso a beber.
Al
rato llegó el hombre rico lo tomó del brazo y lo sacó de ahí,
asombrado el curioso preguntó
que pasaba.
Ya
en este mundo, camino de regreso al pueblo el rico dijo:
-Tu
familia me a estado acusando todo este tiempo de haberte perdido, y
me exigen tu regreso. Pero yo no sabia donde te habías metido,
cuando regrese de donde me había llevado el guerrero, ya no estabas,
me canse de buscarte y me fui, volví varias veces pero pensé que te
habías perdido para siempre, por suerte, en este regreso te
encontré. Hoy vuelves a nacer. Vuelves a la vida de regreso del
mundo de los fantasmas-.
Intrigado
el curioso dijó: -!Dios guarde! y yo ni mi aguardiente me dio tiempo
de beber-.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario